Después de una Semana Santa pasada por agua y por la
cofradía de la Televisión Nazarena, que como se sabe agrupa a todas las
televisiones públicas y privadas del reino, resulta que un periódico descocado
y medio laico dice que las iglesias de Europa pierden fieles y venden templos.
Yo creo que es porque en Alemania y por allá ni tienen Pasos
de Semana Santa ni saben lo que es una “saeta” disparada por cuerdas sí, pero
vocales. Y con mucha parafernalia y fervor por parte de quien la canta, y aún
más de quien, con el rostro arrobado y un tanto transfigurado, la escucha.
Dicen los de la prensa descarriada que la iglesia católica ha cerrado en
Alemania más de 400 templos en lo que va de siglo. Y otros tantos la iglesia
evangélica que por esas latitudes tiene también muchos seguidores. Bueno, cada
vez menos, añade el artículo. Unos y otros.
Lo tienen bien empleado por no celebrar la Semana Santa como
Dios manda y la santa madre iglesia, española, así nos lo enseña. Primero te
haces con los Pasos, cuanto más grandes mejor. Que ocupen mucho, así se nota
menos la desbandada de fieles. Si además tienen historia y valor escultural ya
es la leche, porque puedes defender las diez horas seguidas de procesiones en
la tele como un acto cultural que sólo cuestionan irreductibles laicos,
empeñados en recordar no sé que artículo de la Constitución, y los consabidos
judeo-masones-ateos-filisteos, republicanos en muchos casos, del reino.
Una vez que tienes los Pasos ocupando iglesias, ahora
desempolvas viejos pergaminos para dotar a las cofradías de raigambre, polvo y
paja. Y allá van los costaleros y cofrades, todos con sus capirotes y sus
cirios encendidos. Nada que ver, a pesar de lo que dicen las malas lenguas, con
los del ku-klus-kan. Y si se parecen en algo es por culpa de los fotógrafos que
no han sido capaces de encontrar las diferencias.
De eso, capirotes, no hay en Alemania. Y por eso debe ser
que cierran las iglesias y las venden al mejor postor. Yo mismo lo vi en la
católica Irlanda. Véanse las fotos. Una se vende (aquí las dos primeras fotos, de hechura propia),
la otra es
ya una oficina de turismo (las he encontrado en internet mejores que las mias)
y la última, un conocido pub y
restaurante (lo mismo respecto a la autoría).
Mientras pides información, bebes una pinta o tomas
un platinguis combinado, puedes seguir el via crucis retratado en las paredes y contemplar
la puesta de sol a través de las vidrieras, todo un lujo social, cultural,
histórico y medio ambiental.
Volviendo a los Pasos. Conviene limpiarlos. No tanto por acabar con la suciedad acumulada, como por reunir a señoronas de alcurnia y de peineta que se vuelven locas por sobarlos y enjabonarlos dejando sitio, eso sí, a los y sobre todo las, políticas de turno que quieren mostrar de esta manera su servilismo hacia mandatos y símbolos eclesiásticos.

Volviendo a los Pasos. Conviene limpiarlos. No tanto por acabar con la suciedad acumulada, como por reunir a señoronas de alcurnia y de peineta que se vuelven locas por sobarlos y enjabonarlos dejando sitio, eso sí, a los y sobre todo las, políticas de turno que quieren mostrar de esta manera su servilismo hacia mandatos y símbolos eclesiásticos.
El pulso final es la procesión. Que sería muy poco, a pesar
de costaleros y reconocidos grupos escultóricos, sin la presencia y sonido de
los tambores y trompeteiros del juicio final. Enardeciendo a las masas y
asustando a los chiquillos, que no salen de una (la visión de los capirotes
kukluskaneros) y ya están en otra (las trompetas destruyendo las murallas de
Jericó y los oídos de los espectadores).
Y ahí sí, ahí tenemos a cientos y miles de seguidores, o
paseantes, o turistas, vaya usté a saber. Y si llueve y no sale la procesión,
todos a llorar, que eso se contagia rápido, y agua sobre lágrima el océano te
anega alma, vida y corazón. Claro que, como mal menor y sin esperar a los idus
del próximo marzo, los Pasos, pasito a paso, pueden dar una vuelta por el
interior de la iglesia y acercarse a la misma puerta, para que los fieles
y acompañantes lloren y se acongojen con más motivo y cercanía.
Las calles procesionales se llenan y las iglesias se vacían.
Y se venden.
Es curioso, ahora vuelvo al artículo de marras, que sólo se
haya montado la de Dios, nunca mejor dicho, cuando una iglesia evangélica de
Hamburgo, que conserva su torre de 44 metros de altura, ha sido vendida a una
comunidad musulmana. Eso no, dicen que han dicho ostrogodos y neonazis. Hasta
ahí podíamos llegar.
(Bueno, para ilustrar el tema, además de las fotografías, me
parece interesante volver a escuchar este tema que ya lo envié hace algunos
meses, puede que hace un año por estas fechas. Nunca es tarde para orar, incluso los creyentes, desmitificando la Semana Santa).
Las ventas templarias son un indicativo de que se ha enderezado el rumbo y la cosa va bien. Nada de pompas ni vanidades. Su reino no es de este mundo. Pronto les tocará a la catedral de Burgos, a la de León, a la de Toledo, a la Redonda... hasta que se ponga a la venta el Vaticano y el papa se convierta en lo que presume: el siervo de los siervos de Dios.
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